Lloraréis muertos minúsculos

Y renace la luz color de día:

un ente sin conciencia.

Daría fuerza canto y vida,

si no ignorara esta tierra.





Te tuvieron que cortar las piernas.

Alguien te acercó tu último peluche,

lo rechazaste… no lo quieres.

Tú sólo llamas a mamá:

Por qué no viene?  Acababa de morir.

                   Llorabas.

                   La luz renace cada día

                   siembra fuerza, canto y vida.

Anciano ¿Qué haces? Pobre hombre,

le habla a un pequeño cuerpo mal herido;

le suplica que no le deje, que no se vaya;

le dice que él es todo su amor y su cielo:

es el hijo de su hijo muerto.

                     Lloraba.

                     La luz, ajena a su conciencia

                     vuela e ignora esta tierra.

Aleluya!  Habían nacido los dos,  

aquella misma mañana. Cuánta alegría.

Saliste a inscribirles un nombre, sus nombres.

Acostada, la madre dijo adiós, sonreía.

Al regresar, eran muertos, sangre y horrores.

                   Llorabas.

                   La luz renace cada día

                   siembra fuerza, canto y vida.

Heridos por el terror una madre y su hijo,

los llevó al hospital una chiquilla.

El médico le dijo que se salvarían.

Salió gozosa. En la calle, otra explosión.

La madre y su hijo nunca lo supieron.

                    A la joven muerta, otro alguien lloró.

                    La luz, ajena a su conciencia

                    vuela e ignora esta tierra.

Han matado a otra escuela,

pequeños cadáveres rotos,

descuartizados entre juegos, cuentos y libretas.

Miedos, espantos y fuegos culpables,

sangres, gemidos, bocas abiertas.

                          Llorabais.

                          La luz renace cada día

                          siembra fuerza, canto y vida.

Dos hombres rezan en el desierto.

Ni en la noche ciega son similares;

con sus lenguas no se entienden,

pero sus niños muertos son iguales.

Puede que tanto como sus dioses

                    Lloran.

                   La luz, ajena a su conciencia

                    Vuela e ignora esta tierra.

Cerca de allí almas opacas se abrazan,

danzan alto en sus trincheras:

Esto ya está hecho, pues bebamos.

No se hable más: Él lo bendice 

 ¿y nosotros…? por Él perdonados

                   Nunca llorarán.

                    La luz renace cada día

                    siembra fuerza, canto y vida.

Caerá la oscuridad sobre el desierto;

en ciudades, templos y quimeras.

Allende las dunas será violada la noche.

Los ángeles de fuego nos dejarán

nuevos despojos de ilusiones.

La luz, ajena a esta tierra

continuará su viaje sin alma,

dejará árboles secos y tristes;

su fruto son los cadáveres

de vidas escasas y corta historia.

                    La luz renace cada día

                    siembra fuerza, canto y vida.

Y hasta que a la oscuridad

no la ilumine su propia luz,

no prevalecerá más que el eco;

               el eco de las lágrimas

               que para siempre lloraréis.

                           _________   * _________

L.L.S.

(Imagen de cabecera, fragmento de El Grito de Munch)

Vuelvo a publicar este texto porque desde que lo escribí, en primavera, la única primavera que ha seguido floreciendo es la del miedo, el horror y la muerte cruel y cobarde. Para ellos no existe otra primavera.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.