EN EL ANTRO

EN EL ANTRO (2)

En aquel antro cercano al último puente del río, nos juntábamos cada noche  delincuentes, prostitutas y arrepentidos de la vida; dejábamos fuera el  rastro de mentira que necesitábamos para soportar el día con un simulacro de dignidad y bebíamos  sin vergüenza un mal vino morado y gris. Pero a quienes el día les había ido bien no hacia falta preguntarles, porque esos se sentaban en el extremo de la barra, junto a la salida, y  bebían Martíni tras Martíni en vaso largo con hielo y limón.

    Aunque a mí el que más me gustaba era un tipejo solitario, del que nunca supe el nombre, y al que jamás vi  beber otra cosa que no fuese el vino de borracho. Se sentaba siempre en la mesa que estaba junto a la puerta del W.C;  el rincón que todos despreciábamos porque el olor a vómito, orines y frustraciones mal digeridas nos hacía recordar sin decirlo que, después de nosotros, solo quedaban las ratas.

  Y cuando los asuntos me iban bien y me tocaba a mí la noche de Martini en vaso largo con limón y me creía que yo, aquella noche,  era el amo del tugurio -con la espalda pegada al cristal helado por la humedad de afuera-, observaba al tiparraco desde la punta de la barra, viendo su imagen duplicada difícil de centrar en mi ebriedad, y entonces no sabía si él era yo o yo era él.

                                                               ____________  * ____________

Luis López Sanz

Publicado en mi libro ’19 Cuadros  a la Luz de Otros Tiempos’

Gracias  a Joan López por la imagen (reproducción parcial

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