CUANDO EL TIEMPO ERA OCÉANO

 

 Nos declaramos dueños del tiempo
cuando el tiempo era un mar,
y los sueños ligeros;
hojas blancas sin ley
que pronto las esperábamos sembrar.

Fue cuando caminábamos abiertos
por orillas silenciosas
entre arbustos y desechos,
clandestinos en calles de mal sueño.

Todo el tiempo y las estrellas,
todo él en una mano
en la otra la aurora y
el crepúsculo como si perlas.

Fue la hora del viaje y aprender,
de respirar las preguntas
de verdades de vinos
de errores y de dudas.

Nos emborrachábamos de poetas,
de extrañas poesías y libertad,
ebrios de crípticas prosas
pensábamos que allí…¿Quizás?

Fue por los más sombríos rincones
y miradores sobre el espacio;
jugamos a construirnos sólo hombres,
a interrogarnos y querer los por qué.

Heridos por el ansia temporal,
sabiéndolo o no, anduvimos
—qué infecunda ceguera—,
por las fronteras de lo prohibido.

Pero

nuestras miradas, nuestros sueños,
quedarían suspendidos en el aire,
como pájaros inmóviles,
sin caer, ni volar hasta el recuerdo.

La respuesta ya era querer buscar.
Ahora escúchame en blanco silencio:
…tú lo sabías ¿No es verdad?,
sabías que no habría más voces que
la de aquel océano como tiempo.

Sabías lo de aquellas horas livianas,
que el horizonte se iría cerrando
que todos los días sólo fueron uno
que los poemas sólo era lo hablado
que tú y yo éramos palabras soñadas.

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Sentémonos esta tarde, amigo,
cojamos la página virgen,
rompámosla ¡quémala…!
nuestras palabras ya huyeron
cuando fuimos apenas conscientes,
apenas despiertos.

Sentémonos y no esperemos,
porque no habrá nada más.

________ * _________

L. L. S.

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